miércoles, 18 de julio de 2012

Ojala


Ojala sea todo como indicaba mis sueños, ojala sean ciertos
Ojala pueda hablar con alguien que esta en la misma situación que yo, al parecer tu eres el único
Ojala pudiera sentir que avanzo en este mundo que vivo que es la escritura, eso será difícil
Ojala que mis sueños se hagan realidad, para eso hay que luchar
Ojala pueda triunfar, para eso hay que ser constante
Ojala pueda estudiar para el próximo año, eso si tu te lo propones
Ojala no me sienta solo, eso será inevitable
Ojala no extrañe mucho a mi mama y a mi familia, pero será imposible
Ojala pudiera tener 17 para siempre, pero no es así
Ojala todo fuera fácil, pero no lo es
Ojala encuentre a una mujer, para que si luego todo termina mal
Ojala pudiera volar, solamente lo logras con la imaginación
Ojala pudiera terminar lo que empiezo, para eso hay que ponerle empeño
Ojala pudiera encontrar motivación, parece que no la hay
Ojala pudiera ser apoyado por la gente, nadie lo ase
Ojala alguien pudiera ver mi potencial, todos son ciegos
Ojala alguien me responda, la suerte no juega a tu favor

jueves, 5 de julio de 2012


Ahhhh... ¿Que podre decir?...si este amiente y el momento que curso an frenado el progreso que venia como el galope de corceles que paso si ya no siento esos pasos que daba ahora me encuentro estancado, ahora no se para que lado salir si estoy sin esa motivación que necesito para seguir en el duro trabajo de dedicarme a la palabra, pareciera tan fácil pero no se imaginan las batallas que uno libre con la vida, pareciera que entre mas sabes o piensas mas pierde el sentido, los poetas, pensadores o escritores, nos sentimos como en la cuerda floja, día a día con esto de escribir nuestra pación. Hoy escribo por que siento que me quedo estancado o que camino ciego en un sendero que cada ves esta mas lejos y sin aliento ajeno, que como que nadie sedara la vuelta a ayudarme así me siento y solo quería compartirlo gracias...

Escribir para desahogarse siempre ayuda, y si nunca lo han echo pues que esperan inténtenlo verán que al final es grato y placentero...por algo lo hacemos.
11:20 p.m. 05/07/2012

Decir y callar: misterios de la poesía

David Escobar Galindo

LA poesía es la palabra en el último límite con el silencio. Y esta no es una frase de fantasía, sino una verdad que quema las manos del poeta. Aunque parezca una incongruente paradoja, el poeta está siempre caminando sobre la línea invisible entre la palabra y el silencio. De esto se habla muy poco, sobre todo porque venimos de una época estruendosa y confusa, que quiso apoderarse impunemente del destino esencial de la poesía, que es la aventura personal. Pero no es nada nuevo, por supuesto, esa ansiedad por hacer que la palabra interprete el silencio radical del ser, y quiera apresarlo aunque sea de manera ingenua e insegura. Lo decía Rimbaud en un verso de su Temporada en el Infierno: "Escribía silencios, noches; anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos". Es como afirmar que escribía lo que se resiste a ser apresado en palabras.

En "Filosofía y Poesía", uno de sus libros más profundos, María Zambrano ¡tan intensa, tan querida!, la discípula de Ortega y Gasset, y de seguro el único gran nombre femenino de la filosofía contemporánea mundial, dice, con el reverbero lúcido que la caracteriza: "El logos palabra y razón se escinde por la poesía, que es la palabra, pero irracional. Es, en realidad, la palabra puesta al servicio de la embriaguez. Y en la embriaguez el hombre es ya otra cosa que hombre; alguien viene a habitar su cuerpo; alguien posee su mente y mueve su lengua; alguien le tiraniza". Y, en otro ejercicio de paradoja, esa tiranía proviene del incontenible
afán de libertad. La poesía en un afán radical de libertad,que usa la palabra como vehículo, porque no tiene otro a la mano; pero, al sentir que ese vehículo le queda estrecho y le es angustiosamente zigzagueante, quiere completarlo con un componente adicional, que no puede ser otro que el silencio entrelazado, enredado, empiernado con la palabra. Ambos la palabra y el silencio son la enredadera por la que se
sube hasta la estancia superior de la torre del poema. Ambos tienen sus poderes, sus significados, sus limitaciones, sus irradiaciones y sus destinos propios.

Pero esta relación entre la palabra y el silencio no es sencillani llevadera. Mucha de la sustancia de la poesía queda trenzada en los ligeros tejidos de esa alianza tan problemática. Y el fenómeno produce, en cada cultor de la virtud poética, consecuencias particulares. Hay poetas que se entregan a una lidia sin fin con el silencio paralelo a la palabra. Es como si les moviera el imperativo categórico del decir, como expresión suprema del ser. Si no dicen, sienten que mueren. Son los poetas torrenciales, incansables, fecundos. Son los Lope de Vega, los Juan Ramón Jiménez, los Pablo Neruda. Viven en perpetuo combate con el silencio que los amenaza, y que está allá al fondo, tras la puerta sigilosa de la eternidad. Es una lucha que, en ciertos casos, como el de Juan Ramón, el andaluz obsesivo de barba cerrada y ojos como carbunclos, tiene dentro de sí la
semilla de una trágica y luminosa derrota. Como dice Agustín Caballero en el Prólogo a los Libros de Poesía de Jiménez, tomo de la Biblioteca Premios Nobel, de la Editorial Aguilar, en 1957: "El poeta ha proyectado alguna vez rematar su obra con la perfección absoluta de un libro en blanco". Es decir, un libro sin palabras, hecho de la pura y aterradora materia del silencio.

Situación contraria es la de los poetas que no quieren librar esa lucha, y, en una noche de orgullo, como dijera Enrique González Martínez en un viejísimo soneto, arrojan al foso las llaves de la palabra, y se quedan presos no libres, ¡quién sabe! en el torreón del silencio. El 25 de diciembre de 1936, Jorge Luis Borges escribió un texto denominado "Enrique Banchs ha cumplido este año sus bodas de plata con el silencio", en el que brevemente comenta el caso de aquel poeta argentino que a los 23 años, luego de publicar su extraordinario libro de sonetos "La Urna", prácticamente abandonó el trabajo poético, sin dar explicaciones. Siempre tuve especial apego a este poeta tan extraño, cuya temprana perfección lejos de darle energía, lo bloqueó; y por eso busqué, hasta encontrar, su Poesía Completa, publicada por la Academia Argentina de Letras. Borges señala el hecho radical de esa entrega al voluntario mutismo, e imagina que Banchs que tuvo además una larga vida fue un "hechicero feliz que ha renunciado al ejercicio de su magia".
Podría ser, aunque los misterios del proceso interior se resisten a las interpretaciones satisfactorias.

Lo que estas imágenes indican no es una verdad mensurable o un principio de orden lógico. Lo que demuestra la poesía, en su caleidoscopio de posibilidades, es la fresca gama de los movimientos del espíritu. Somos seres de difícil comprensión, interna y externa. Todos nosotros, los humanos. La complejidad de los poetas es sólo una variante más fosforescente de aquella complejidad generalizada. Estamos todos, nos demos cuenta o no, en batalla continua: de la palabra contra el silencio; del silencio contra la palabra. Es decir, el drama es profundo y permanente, y no tiene escapatoria; porque la ignorancia del mismo lo único que logra es diversificar el sufrimiento. ¡Cuántos hay, rebeldes sin brújula, revolucionarios sin salida, sufridores sin remedio, porque se niegan a asumir tal desafío específico dentro del gran drama humano! La poesía lo que hace es poner esa batalla en un cerrado y acezante cuerpo a cuerpo entre la materia y el alma, con las dos armas vivas por excelencia: la palabra y el silencio. Desde nuestra limitación, imaginamos que el silencio vencerá al fin. ¿Pero será así?

El autor (salvadoreno, rector de la Universidad José Matias Delgado) es
columnista de LA PRENSA GRÁFICA.